29. Las Argizaiolas de Amezketa

Hace una semana hablábamos de Egipto, rituales funerarios, culto a los muertos. Y este domingo se celebra el Día de Todos los Santos, que, bajo distintos nombres, representa en muchos lugares del mundo un día para recordar a nuestros difuntos y rendirles tributo. No hace falta ir hasta Egipto o México para analizar la importancia de este día. Aquí, en el País Vasco, contamos con la perviviencia de una tradición que ha sobrebido hasta nuestros días en el pequeño pueblo guipuzcoano de Amezketa: las argizaiolas. 

En la Euskal Herria tradicional se profesaba un culto a los muertos, manifestado sobre todo a través de la luz. Para ello se utilizaban las argizaiolas, una tabla de madera, tallada con motivos decorativos, principalmente geométricos, alrededor de la cual se enrollaba un cerillo. Cada familia contaba con una argizaiola que guardaban en su hogar y que portaban consigo a la iglesia en determinadas fechas. 

Las argizaiolas de Amezketa
Argizaiolas en Amezketa
La argizaiola se colocaba sobre el yarleku o sepultura familiar -lugar acotado para cada familia en el interior de la iglesia que simbólicamente estaba ligado a la vivienda familiar- y durante la ceremonia religiosa se prendía la luz que alimentaba a los difuntos asociados con el linaje familiar. En origen el yarleku funcionaba realmente como la sepultura familiar, pero a partir de finales del s. XVIII, momento en el que los cementerios salieron del interior de las iglesias por una ley del monarca Carlos III, permaneció como lugar simbólico. La responsable de llevar la argizaiola, elemento representativo de la unión simbólica entre la casa y la sepultura, a la iglesia y mantener vivo el culto a los antepasados, era la etxekoandre, la mujer de la casa.
Argizaiola, San Telmo Museoa
Argizaiola, San Telmo Museoa


El uso de las argizaiolas parece remontare a finales del siglo XVI o comienzos del XVII, relacionado con la práctica de los enterramientos en el interior de las iglesias. Su forma y decoración fue evolucionando a lo largo del tiempo, adaptándose a los estilos de cada época, pero manteniendo el diseño de carácter antropomorfo. Además de en el Día de Todos los Santos, las argizaiolas se colocaban en el yarleku y se prendían en función de un calendario perfectamente reglado a partir de la fecha de defunción. A lo largo del siglo XX las argizaiolas fueron paulatinamente desapareciendo de la vida religiosa, principalmente por lo colocación de los bancos en las iglesias que impedía el culto sobre el yarleku, y por la desaparición de la organización social tradicional en torno a la figura del caserío.

El culto a los muertos tenían importantes implicaciones sociales y económicas, en el contexto de los caseríos vascos. Se creaban lazos de reciprocidad entre los caseríos, simbolizados por la ayuda recibida en los momentos de duelo. El libro "Muerte en Murélaga", de William Douglas, es un clásico de la Antropología en el que el autor americano examinó pormenorizadamente estas costumbres, llevando a cabo una interpretación de las mismas basada en la importancia de estos lazos de reciprocidad.

Esta tradición fue paulatinamente desapareciendo de todos los pueblos. Hoy en día sólo se conserva en la misa de Todos los Santos en la localidad de Amezketa (Gipuzkoa). Visita imprescindible para todos aquellos interesados en la Antropología, ritos y costumbre.

Misa de Todos los Santos en Amezketa
La Misa de Todos los Santos en Amezketa

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